La Paciencia (Inma V.)

Yo siempre decía y presumía de tener mucha paciencia. Decía aquello de “a mi a paciencia no me gana nadie…”, “si yo tengo más paciencia que un santo… pero como explote”, “tengo paciencia infinita pero como me busquen… ” .

Y así seguí viviendo mi vida,  hasta que un día me sorprendí agobiada y ansiando con todas las fuerzas que el tiempo se esfumara, que un mes se hiciera un minuto, que los pintores no podían tardar 5 días en pintar una casa, que no podían tardar 3 días para darme un presupuesto, que tenía que tenía que limpiar el piso en 2 horas y no en 4 días, que el fontanero no tenía libre hasta dentro de 15 días… que yo necesitaba que fuera todo YA! AHORA! No podía esperar… que mi tiempo no lo quiero para eso, que necesito que sea ya.

Hablando con el pintor, por favor, tiene que ser ya. Señora hoy es jueves estamos terminando una cosa que faltan 3 días, acabamos el lunes. Compramos el material y vamos a su casa el martes por la tarde y empezamos el miércoles…. ¡UNA SEMAAAAAAANAAAA!

La misma conversación con el fontanero y todos los implicados.

Pues sí ahí estaba yo emperrada y casi pataleando, como una niña pequeña que quiere avergonzar a sus padres en el super… enfadada con el mundo, enfrentándome a todos. Si en ese momento hubiera cogido al señor calendario por la solapa… le hubiera dicho cuatro cosas.

Y un día hablando con una amiga, contándole todos mis problemas, además problemas de los de antes, de los que te aterrorizaban de pequeño:  de matemáticas, números, fechas, incógnitas, presupuestos … y ya sin pizarra para poner más números, exhausta de hablar de todo le digo… jo maja y yo que pensaba que tenía paciencia, y no la tengo.

Entre conversación con el pintor, el fontanero, presupuestos, listas de cosas por hacer… esa frase resonaba en mi mente… “si yo tenía paciencia… ¿qué he hecho con ella? ¿la habré perdido como la inocencia? … pero ¿yo tenía paciencia?”

Esas preguntas estaban en mi cabeza, con el tiempo (con mucho tiempo y muchos batacazos) he desarrollado la habilidad de hacer caso a esas cositas que se quedan resonando en tu cabeza, y en vez de obviarlas.. invitarlas a tomar un café y charlar.

Una vez que todo aquello pasó, la lista de tareas quedó con casi todo tachado, el fontanero hizo su trabajo y el pintor pintó lo que tenía que pintar, yo me senté un rato con mi café y pensé… iba conduciendo y pensé, iba andando y pensé… se puede pensar en muchos sitios.

Pensé en el significado de paciencia, pregunté y además estuve atenta a cuando la gente usaba esa palabra, así construí (dentro de mi, lo entendí y lo interioricé) el significado de paciencia. Paciencia (para mi) es un conocimiento de los procesos, un respeto por los mismos, sabiendo que por mucho que te alteres eso no va a cambiar , los procesos comienzan y terminan a su debido tiempo.

Bien, me sentía cómoda con esa definición… entonces a ¿qué había llamado yo paciencia? Analicé en que momentos de mi vida yo había dicho esas frases de alarde de paciencia …

“a mi a paciencia no me gana nadie…”, “si yo tengo más paciencia que un santo… pero como explote” y me dí cuenta que cuando yo había usado la palabra paciencia (bien usada de acuerdo a la RAE) siempre iba implícita una amenaza… de cabreo, pérdida de papeles…

Y pensé, no será que cuando yo decía que tenía paciencia, quería decir que tenía unas “tragaderas” enormes… para tragarme cabreos, enfados, porque no era capaz de ponerles freno antes?  Qué difícil es decir las cosas claras… en ocasiones nos resulta más cómodo acudir a lo que sabemos hacer: aguantar y cuando rebosa nuestro límite, salir a gritos o mandar a tomar por “viento fresco” a quien esté delante.

Con esta salida normalmente no conseguimos nada bueno, nosotros nos sentimos mal (aunque de primeras puedas tener un sentimiento liberador, pero normalmente estos arrebatos no están todos bajo control), la persona que receptora de nuestra explosión y el mensaje que lanzamos normalmente no es claro, porque es un mensaje “macerado” por nuestra cabecita (le tenía que haber dicho…, pero este que se cree…, seguro que eso me lo ha dicho por… ) cosas que si viéramos la escena en un video, probablemente no aparecerían… pero nosotros lo hemos interpretado y reinterpretado las 101 veces que la escena nos ha venido a la mente. Resulta que soltamos un mensaje de acuerdo a algo que nos ha pasado una vez pero nosotros hemos representado e interpretado en nuestra cabeza 100 veces más.

Cuando te mandas mensajes a ti mismo de “mmm respira, paciencia, no digas nada que la lías” “mmm, paciencia” a tu cerebro le estas diciendo dos cosas muy importantes y que “manipulan” tu comportamiento:

1.- Paciencia es aguantar y no decir nada.

2.- Decir algo es liarla.

Por tanto, tu mente descarta totalmente la idea de decir tu opinión, meditar un discurso claro y asertivo para poder expresar tu sentimiento y aclarar de una vez, si en esa situación era o no contra ti, dejar claro a la otra persona que eso te ha molestado… poner los límites.

Y en el momento que aparece el cabreo, mandarnos el siguiente mensaje “ mmm respira, ¿qué te ha molestado? ¿me he sentido invadido? ¿Cómo podría decirlo tranquilo y sin alterarme? ¿qué réplicas me pueden hacer?” Son varias preguntas, pero es importante que las contestemos para poder poner a la otra persona nuestros límites claros.

Este mensaje que queremos estructurar, tiene que ser siempre desde el respeto y de cómo nosotros nos hemos sentido, vamos a evitar mensajes de “es que tú…” “por tu culpa…”… porque la conversación se puede convertir en “y tú más”

Aquí es donde tenemos que tener paciencia, entender que nuestros patrones de comportamiento llevan con nosotros 20, 30, 60 años… los que sean, pero son modificables, poco a poco. No se puede plantar un hueso de aceituna y recoger aceitunas al año siguiente. Recuérdalo. Pero el cerebro es listo y cuando le mandamos el mensaje apropiado él lo pone en marcha enseguida, pensemos que si cambiamos este patrón, vamos a ser más claros, vamos a tener que “tragar” menos cosas que no nos gustan y vamos a mejorar nuestra asertividad.

Desde el momento en que a paciencia le puse el significado correcto en mi mente, se que mi paciencia (la de conocer los procesos) es algo a mejorar y mis límites los pongo yo. Cuando noto que un límite lo toca alguien, porque yo ya me siento incómoda (siento enfado o indignación), a mi cabecita no le digo ya eso de “mmm, aguanta” el mensaje que envío es diferente es “¿qué te han dicho para sobrepasar ese límite?¿cómo lo puedo decir para que el mensaje sea claro?”… y lo digo. Lo digo a veces mejor y otras peor, pero cuando lo dices te das cuenta de que no era tan difícil y que la liberación que sientes es tan grande que se vuelve adictiva.

Consejo, empezad por pequeñas cosas, os servirá de campo de pruebas. No empecéis por los  grandes problemas enquistados de hace años, porque la situación os puede superar… id poquito a poco cogiendo confianza en vosotros y desarrollando en vuestras cabecitas  esos nuevos patrones de comportamiento.

Recordar los errores son pequeñas lecciones de aprendizaje

INMA VELASCO

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